Paseando por mi querida Palma, nada más grato que constatar que nuestros antiguos patios se han arreglado para gozar de una segunda juventud.
Vale la pena, que todos nos paremos a contemplar esas antiguas joyas que rejuvenecen de nuestro pasado.
Encontraremos de todos los estilos, unos más pudientes que otros, pero ninguno carente de encanto.